miércoles 16 de diciembre de 2009

Hermann: el matón.

Artículo publicado en Vistazo a la Prensa en diciembre de 2009
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Resulta que el matón de Telemadrid, ese que mataría a los malos de quince en quince, cuenta que le dieron la del pulpo una madrugada de éstas en un local de copas madrileño. Y como según parece llevaba unas cuantas encima a esas horas de la madrugada, no tiene claro el hombre ni quién ni cómo. Porque empezó su relato describiendo una “enorme patada”, para varios días después rectificarse a sí mismo alegando que fue un “puñetazo enorme”. Hay quien dice que lo único enorme era el tablón y hay quien señala a un taburete mal puesto y peor esquivado como responsable de las lesiones. De hecho, el propio Hermann da bandazos a la hora de determinar su agresor, pues si bien en principio desvinculó el ataque de temas laborales y luego repartía probabilidades entre “moros, homosexuales o gente normal como actores o gente de la SGAE”, ahora parece haberle encontrado el gustillo a eso de sentirse víctima de “la cadena regalada”. Veremos a ver adónde nos lleva el culebrón.

No sé por qué a un servidor todo esto le recuerda a aquel periodista que para esconder una noche de juerga denunció haber sido secuestrado por ETA. Se supo todo como se sabrá lo de Hermann y se contará cómo una bronca de cierrabares ha llevado a la presidenta Aguirre a rajar a gusto sobre Wyoming y La Sexta, y a algún tertuliano a solicitar el encierro en campos de reeducación, como los de los chinos, para determinados espectadores de El Intermedio, el programa de Wyoming. Por lo pronto, ya se puede leer en la red el siguiente titular: “Un chapero despechado le parte varias costillas a Herman Tertsch”. ¿Será cierto? Si lo fuera no habría problema, que ya encontraría doña Espe la manera de vincular a Wyoming con el chapero. Porque una pelea de bar a las tantas de la madrugada y en medio de efluvios alcohólicos no se concibe si no hay ideología política y provocación mediática por medio.

En cualquier caso, cabe condenar la agresión, ya provenga de un sicario a sueldo, de un borracho pendenciero o de un chapero despechado, incluso cabría condenar al taburete en el caso de que se demostrase su participación en el atentado; porqué está muy feo eso de mandar a la gente al hospital, que no es de buenas personas -ni de buenos taburetes- y, además, no está la sanidad madrileña, con las listas de espera a rebosar, como para que les endosen trabajo extra.

De momento, y gracias a la colaboración estelar de doña Espe, El Intermedio sigue subiendo su audiencia, coincidiendo exactamente los picos de aumento de cuota con cada una de las afrentas que les han sido lanzadas desde sus detractores: el lío de la becaria con Intereconomía, el invento de Herreros y el radiopredicador de que Wyoming no era en realidad médico y ésta última de doña Espe. Gracias a Intereconomía, a la COPE y a Aguirre, que tiene guasa, El Intermedio ha aumentado un 8% su audiencia en unos meses y se ha colocado en el mismo porcentaje que los programas de la competencia en esa franja horaria. Y Wyoming preocupado…

Y para terminar esta columna, me van a permitir aquéllos de mis queridos reincidentes que consideren que el término “matón” puede sonar despectivo e incluso ofensivo al señor Tertsch (al que –sin ironía alguna- deseo una pronta recuperación) que les transcriba la tercera acepción que a tal vocablo otorga mi adorado Diccionario de la Lengua Española en su vigésima tercera edición, que corresponde a léxico específico empleado en El Salvador, y que es la que, faltaría más, un servidor se ha querido referir en esta columna:

- Matón, na:

3. m. El Salv. Caída de una persona al suelo. *

* Nota del autor: Medie o no medie taburete.

miércoles 9 de diciembre de 2009

SITEL

Artículo publicado en Vistazo a la Prensa en diciembre de 2009

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Cuando de lo que se trata es de darle cera al gobierno, da lo mismo ocho que ochenta, y se aprovecha el caprichoso tránsito vallisoletano del Pisuerga para arremeter a la más mínima. Y no es que no haya motivos para meterse con el ejecutivo, que sin duda los habrá, pero lo que no me cabe en las meninges ni doblándolo es hasta qué punto se apuntan al carro quienes pasan por periodistas reputados –algunos incluso lo son- cuando sin sustancia alguna, y haciendo gala de la más absoluta de las ignorancias, o bien –y más grave- con evidente animus manipulandi (no me he olvidado el acento en el animus, en las locuciones latinas no se usa tilde) difunden informaciones erróneas y confusas, aprovechándose de los que creen a pies juntillas todo lo que se publica en según qué medios.


Tiene guasa -pero que muchísima guasa- lo del SITEL, que a estas alturas hasta las amebas saben que es el sistema que las unidades de investigación de los cuerpos de seguridad pública utilizan para llevar a cabo las intervenciones telefónicas para la investigación de ciertos delitos, todos ellos graves, por supuesto. Y digo que tiene guasa porque como ya sabrán mis queridos reincidentes, ese sistema fue adquirido por el gobierno de Aznar en sus tiempos de mayoría absoluta y que, por mucho que digan que no lo utilizaron, ya fue empleado en febrero de 2004 (y si no se empezó a utilizar antes fue porque las diferentes compañías telefónicas aún no se habían provisto del software necesario) siendo Acebes Ministro del Interior, y que ahora el PP ponga el grito en el cielo por su utilización, precisamente ahora, cuando tiene un tropel de imputados en sus filas -algunos de ellos merced a la interceptación de sus comunicaciones- huele a mezcla fifty fifty de demagogia supina y vil oportunismo. Estarían encantados de que quien fuese determinase la ilegalidad del SITEL para salvar las nalgas (la gente bien no tiene culo) a sus colegas, por mucho que esa decisión dejase en la calle a asesinos, terroristas y narcotraficantes. Por lo pronto, un mafioso ruso, siguiendo las tesis del PP sobre SITEL, ya ha pedido la anulación de las pruebas que le acabaron condenando, por haber sido éstas obtenidas mediante el SITEL.

El SITEL -ruego a mis queridos reincidentes disculpas por haber tardado tres párrafos en entrar en materia- no es más que el acceso a las nuevas tecnologías del pinchazo telefónico tradicional de toda la vida, pero igual que se hacía entonces se hace ahora tal que así:


La poli tiene conocimiento de que un malo muy malo está cometiendo un delito muy gordo y muy grave. Reúne cuantos indicios y pruebas tiene contra él y con todo ello se va a ver al juez de instrucción correspondiente, le muestra lo que tiene y si Su Señoría lo ve claro, autoriza la escucha por un tiempo determinado. Con esa autorización, la poli se va a la compañía telefónica que alberga esa línea y, una vez presentada la autorización judicial, la compañía pincha la línea y la manda a un ordenador “punto a punto” para que sólo el personal autorizado de las unidades de investigación de los cuerpos de seguridad tenga acceso a las comunicaciones del sospechoso. Las grabaciones se ponen a disposición del juez. Exactamente igual que se hacía antes. ¿Qué cambia? Pues poca cosa, la verdad. Que antes se grababa todo en una cinta magnetofónica y que ahora se almacena en un fichero digital.


Periodistas que se declaran adalides de la libertad (a veces digital) repudian la tecnología de este método alegando que con SITEL se tiene acceso a datos que antes no se tenían.


Se escandalizan de que con SITEL se puede obtener la ubicación del teléfono móvil. ¿Acaso no se conocía la ubicación de los teléfonos fijos antes de la aparición de los teléfonos celulares y del propio SITEL? Se llevan las manos a la cabeza porque la policía puede disponer de datos sobre el investigado tales como su dirección y su número de teléfono. ¡¡Cachis!! Resulta que la información contenida en las guías telefónicas de toda la vida es información Top Secret y yo sin saberlo. ¿Dónde vamos a parar en un país en el que la policía puede saber mi domicilio y mi número de teléfono sin siquiera tener que llamar al 11818? Ésos son los argumentos que utilizan estos nuevos guías espirituales de la libertad y de los derechos humanos para cuestionar el SITEL.


Soslayan el hecho de que ahora, exactamente igual que antes, no es la policía -ni siquiera Rubalcaba- si no los jueces quienes deciden cuándo, cómo y a quién se le interviene el teléfono, y que no hay compañía que facilite dato alguno si no media la autorización judicial.


Por suerte o, mejor, por puro sentido común el Tribunal Supremo ha avalado por tercera vez la legalidad del SITEL (deben estar ya hasta el gorro de pronunciarse sobre lo mismo una y otra vez), considerándolo incluso preferible a los sistemas de intervención utilizados anteriormente. Pese a ello, todavía queda por ahí algún político iluminado desgañitándose con bobadas sitelianas y algunas plumas sintónicas dándole cancha y cuerda.


Y es que cuando un tonto coge una linde, la linde se acaba y el tonto sigue...

martes 17 de noviembre de 2009

Inconvenientes de un nombre común, o llamamiento al notario Martínez

Artículo publicado en Vistazo a la Prensa en noviembre de 2009
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Esto de tener un nombre y un apellido tan común como el de un servidor, tiene alguna ventaja, como que nadie te hace deletrear tu nombre por teléfono, pero múltiples inconvenientes. Puedo asegurar a mis queridos reincidentes que en el caso de quien les escribe, muchos más han sido los inconvenientes que las ventajas. Les cuento.

La primera vez que maldije mi suerte por no haber sido bautizado como Remigio, Wenceslao, Genaro o incluso María de las Mercedes fue el día en el que otro Miguel Martínez, compañero de colegio y a todas luces un gamberro redomado, se dedicó a pintarrajear la tapicería de escay de un asiento del autobús escolar, reproduciendo una extensa colección de aparatos genitales masculinos, todos ellos en evidente estado de excitación, plasmación gráfica que fue jalonada con comentarios obscenos sobre la relación entre el estado de aquellos miembros y la generosa y exuberante anatomía de una profesora de música de aquel colegio de curas, de la que no consigo recordar el nombre aunque sí su agraciado físico. La gamberrada de aquel Miguel Martínez le supuso a este otro Martínez, en primer lugar , un sonoro bofetón en la mejilla por parte del hermano Joaquín y, a continuación, mil disculpas por parte de aquel mismo cura, tras la clara constatación de que había sido otro Miguel Martínez el causante de tamaña guarrada. Muy al contrario de lo que ocurriría hoy, el comentario con el que en casa de este columnista zanjaron el asunto tras mi indignada exposición fue tal que así “La vida es dura. Miguelín, y, a veces, pagan justos por pecadores. Esa torta te la llevas a cambio de todas las trastadas que seguro debes haber hecho y por las que no has recibido castigo”. Alguna vez, me he vuelto a cruzar con ese otro Martínez, hoy inspector de obras de un ayuntamiento de la comarca – a saber qué dibujará en los planos- y siempre le recuerdo que le debo un bofetón a mano abierta.

Pocos años después, como treinta, (qué son treinta años comparados con la antigüedad de la Tierra) hubo un tiempo en el que el teléfono de quien les escribe sonaba a todas horas encargándole armarios, librerías, mesitas de noche, mecedoras y comedores coloniales, imagino que merced a la existencia de otro Miguel Martínez en la guía telefónica y en el mismo barrio, carpintero o traficante de muebles. Curiosamente las llamadas cesaron en el momento en el que, en vez de informar a los clientes de su error y facilitarles el teléfono de “su” Miguel Martínez que yo mismo me había preocupado de averiguar, empecé a participarles de una reconversión en la empresa por la cual, últimamente, sólo se dedicaba a la venta de ataúdes. Mano de santo.

Pero de un tiempo a esta parte, otro Miguel Martínez, notario para más señas, me tiene de los nervios; que no hay día que no reciba en mi correo electrónico, minutas, hipotecas, escrituras, renovaciones de la carencia (que no tengo ni idea de para qué sirve renovar carencias, pero acabo de recibir dos hace un rato) y todos esos papeles que suelen recibir los notarios y, la verdad, me tiene desbordado el ingenio, pues ya no se le ocurre a un servidor qué demonios hacer para parar ese alubión de correos electrónicos solicitándome para mañana la redacción de la correspondiente escritura y, además, me restriegan por las narices las palabras que otro Miguel Martínez, mi abuelo, me dedicara hasta la saciedad en mis años mozos: “Estudia para notario, Miguelín, que ésos sí que ganan dinero”. Si le hubiese hecho caso a mi abuelo, ya le habría robado un montón de clientes al notario Martínez y no me importaría en absoluto recibir correos dirigidos a él.

Tras un breve periodo en el que ignoraba y borraba los correos dirigidos al notario Martínez, y tras empatizar con el pobre que espera y desespera a que le llamen para firmar la hipoteca, empecé mi relación con los numerosísimos clientes del notario, haciéndoles notar, muy educadamente, que se equivocaban de Martínez. Redactando una plantilla de correo con la que respondía de forma diligente a todos y cada uno de ellos informándoles de su error, y haciéndoles notar que estaban llegando a mi cuenta de correo datos confidenciales, como borradores de escrituras, números de cuenta corriente, cantidades amortizadas… y, a la vez que les tranquilizaba comunicándoles que esos datos ya estaban borrados, les rogaba verificasen sus respectivas libretas de direcciones informáticas y que, en todo caso, fuesen más cuidadosos a la hora de enviar a mi correo particular según qué solicitudes de operaciones peculiares que bien pudieran suscitar el interés de la Agencia Tributaria. Nada. Como el que oye llover, los mismos clientes insistían nuevamente con nuevas hipotecas, nuevas escrituras y nuevas minutas.

Ante la ineficacia de los resultados obtenidos, se diseñó el plan B, consistente en responder todos los correos con el siguiente texto:

“Sintiéndolo mucho no voy a poder atender tus demandas porque mañana por la noche me fugo al Caribe con mi secretaria. Te ruego discreción, no sea que su marido o mi mujer se enteren y nos fastidien el plan. Ya te enviaré una postal”.

Sólo obtuve una respuesta de uno de los clientes:

“No jodas??!! Con cuál de ellas?”

El resto, ni inmutarse. Muy al contrario, insisten enviando nuevos correos con las más variadas solicitudes profesionales, de lo que deduzco que, una de dos, o poco leen los mensajes de correo entrantes las entidades bancarias y los bufetes de abogados (principales clientes del notario Martínez) o bien el notario debe ser un bromista de órdago y todos sus clientes identifican como bromas mis respuestas de viajes caribeños y relaciones clandestinas con secretarias. Como mis queridos reincidientes ya habrán adivinado, se imponía un nuevo plan de ataque.

Plan C. Redacción ficticia de escrituras, al insertar en el documento original preparado, auténticas barbaridades convenientemente marcadas con negrita, para que se vean bien, tales que así:

“Que el diferencial aplicable al crédito durante la segunda fase del promotor resultará de añadir un diferencial de 25'50 puntos al índice de referencia del denominado Euríbor mensual. LÉALO BIEN, QUE LUEGO TODO SON QUEJAS. VEINTICINCO PUNTOS Y MEDIO POR ENCIMA DEL EURIBOR: ES DECIR, UNA AUTÉNTICA SALVAJADA: SU RUINA, VAMOS…”.

O añadiendo frases, igualmente resaltadas en negrita y mayúsculas, con textos jocosos y a todas luces poco profesionales, tal como éste.

“Adicional tercera de la Ley 8/1989, de 13 de Abril, de Tasas y Precios Públicos, quedará incorporada al presente instrumento publico, con traslado a las copias que del mismo se expidan, la liquidación de derechos y suplidos devengados con arreglo al vigente Arancel Notarial, PERO COMO ESTE POBRE HOMBRE, QUE, DICHO SEA DE PASO, ACABA DE CONTRAER UNA DEUDA ESCANDALOSA -CUANDO NO ABUSIVA-, ME CAE BASTANTE BIEN, HE PENSADO PAGÁRSELOS YO DE MI BOLSILLO E INVITARLO A UNAS BRAVAS Y UNAS CERVECILLAS AL FINALIZAR ESTE ACTO.
Así lo dicen y otorgan, previa su lectura integra efectuada por mi, antes enterados de sus derechos a leerla por si; se ratifican en su contenido y firman”.


Pero lo cierto es que no hay manera. Pese a la evidente y manifiesta falta de profesionalidad de ese notario, que se fuga al Caribe con una de sus secretarias y que incluye invitaciones a patatas bravas en el redactado de las escrituras, sus clientes repiten, y siguen enviando sus encargos a mi correo.

Es por lo que, con la remota esperanza de que el tal Notario Martínez sea uno de mis queridos reincidentes, o –ésta algo más probable- de que alguno de ellos conozca esa notaría (según deduzco ubicada en Andalucía oriental) les hago a todos ustedes partícipes de ésta mi desventura. A ver si con un poco de suerte alguien avisa a mi tocayo el notario y desaparecen de mi correo escrituras, hipotecas, minutas y demás trámites notariales. Este columnista sabrá recompensar con un soneto épico o un terceto satírico (a elegir) a aquellos de mis queridos reincidentes que me auxilien ante tamaña adversidad.
Gracias muchas.

sábado 17 de octubre de 2009

Mamadou Djouma

Artículo publicado en Vistazo a la Prensa en octubre de 2009
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Mamadou Djouma es guineano y debe rondar la treintena. Llegó a la península el año 2000. Quizás pensó que el nuevo milenio le traería aquí la fortuna que le negaba en su tierra y se embarcó, como otros tantos, rumbo a la esperanza.

Pasó cuatro años en Andalucía, sin papeles y agradeciendo que, pese a eso, le diesen trabajo. No sabemos si quien se lo ofreciera lo hacía por hacerle un favor o porque le salía más barato, pero el caso es que Mamadou consiguió regularizar su situación al cabo de cuatro años y fue entonces cuando pudo asentarse con su mujer y sus dos hijos en una ciudad del centro de Cataluña, y ahí sigue desde entonces. La crisis acabó con su trabajo estable y ahora vive de lo que le va saliendo. Aquí y allí, chapuzas y remiendos le posibilitan llegar, aunque con muchas dificultades, a fin de mes.

Obviamente Mamadou es negro y a buen seguro habrá quien, al sentársele al lado en el autobús, se lleve la mano discretamente a la cartera o se cambie de lado el bolso. Les garantizo a mis queridos reincidentes que no tendrían por qué.

Una tarde de éstas, Mamadou fue a un cajero electrónico para retirar efectivo y, lo que es la vida, encontró allí ochocientos euros en metálico. Parece ser que el cajero electrónico sufrió una avería y devolvió, billete por billete, los ochocientos euros que otro cliente había ingresado un buen rato antes. Contrariamente a lo que habría hecho mucha gente, Mamadou llamó a la policía y les contó que alguien había olvidado allí un fajo de billetes, que se quedaba donde estaba para custodiarlos hasta que pudiesen enviar a alguna patrulla para hacerse cargo de aquel dineral.

Los policías recogieron el dinero, agradecieron a Mamadou su honradez, llevaron a comisaría el dinero, llamaron al banco, del banco pasaron al recoger los billetes al día siguiente, el director del banco llamó a Mamadou para darle las gracias y fin de la historia.

Mamadou se ve ahora incluso en los periódicos de tirada nacional y no lo entiende.

¿Cómo iba yo a quedarme un dinero que no era mío?
Mi padre me enseñó que sólo nos pertenece lo que ganamos con esfuerzo.
Mi religión me obliga a que si encuentro algo perdido, debo buscar la manera de retornárselo a su propietario.
Si yo hubiese perdido ese dinero y nadie me lo hubiese devuelto, me hubiese llevado un gran disgusto.

Ésas y otras frases de Mamadou han sido utilizadas en los diferentes medios como titulares de la noticia.

Y digo yo que es justo que, igual que cada vez que un inmigrante comete un delito hay quien tiende a generalizar, será bueno que esta vez se haga lo propio y se concluya con que también los inmigrantes nos dan lecciones de honradez.

miércoles 9 de septiembre de 2009

Phishing de pata negra

Artículo publicado en Vistazo a la Prensa en septiembre de 2009
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Aviso a Navegantes. Estos últimos días se está produciendo una oleada de correos electrónicos conteniendo la conocida estafa del phishing, pero con una variante realmente peligrosa. Si no fuera porque los autores son unos chorizos de mucho cuidado, habría para felicitarlos por su ingenio, porque lo cierto es que han dado una vuelta más de tuerca a este tipo de estafas en las que parecía que ya estaba todo inventado, y lo han hecho de forma muy hábil e inteligente. Ruego a mis queridos reincidentes que presten atención a este artículo, pues es tal la destreza que han empleado los cibermanguis en el desarrollo de esta nueva modalidad de estafa, que es relativamente sencillo picar en el anzuelo, incluso para aquellos que ya conozcan el clásico timo del phishing y tengan claro que jamás se deben facilitar por ningún medio sus datos bancarios confidenciales.

Como ya saben ustedes el phishing consiste, grosso modo, en remitir correos electrónicos simulando provenir de su entidad bancaria, donde le solicitan la confirmación de sus datos bancarios -casi siempre el número de su tarjeta de crédito y su correspondiente número PIN- incluyendo en el correo un enlace a una copia exacta de la apariencia de la web de su banco o caja de ahorros, donde el timado introduce de buena fe sus datos que, de inmediato, pasan a mano de los estafadores que luego los utilizan para hacer compras, principalmente por Internet, que le cargarán a su cuenta hasta que usted se aperciba de ello y cancele la tarjeta o hasta que se la dejen a cero. Lo que suceda antes.

¿Qué problema presenta el phishing a los estafadores últimamente? Pues que los medios de comunicación – incluso más que los bancos y cajas que debieran ser los primeros interesados- se han hartado de describir este timo y de prevenir al público sobre esta práctica fraudulenta, de manera que ya casi nadie caía en el timo. Algunos malos, poco avispados, pasaron a sustituir los correos que simulaban provenir de bancos y cajas por un e-mail que parecían proceder de la Agencia Tributaria, pero la filosofía del timo era básicamente la misma, pedirle a usted que les facilitara los datos de su tarjeta; y usted, mi querido reincidente, advertido por un servidor hasta la saciedad en numerosos artículos sobre diversas nuevas modalidades de estafas, ya no se fía ni de Hacienda desde el momento en que le piden el número de la tarjeta, de manera que los malos no se comían un colín con este tipo de timos y diseñaron esta ingeniosa variante que ya ha hecho picar a navegantes que jamás hubiesen caído en un phishing vulgar. Les cuento.

Usted recibe un e-mail de Correos diciéndole que tiene un telegrama on line, y en el propio e-mail tiene el enlace que le lleva a la presunta página de Correos. En esa página, con los logos de Correos perfectamente reproducidos, aparece un botoncito que le indica algo así como “pulse aquí para leer el telegrama”. Cuando usted pulsa, el navegador le avisa de que necesita instalar un “plugin” o complemento para visualizar correctamente la página. Cualquiera que se mueva mínimamente por Internet sabe que resulta muy habitual que los proveedores de software informático actualicen sus complementos para navegar, de manera que todos nosotros hemos instalado mil veces “plugin” de Flash, de Adobe, Quick Time, o actualizaciones de Firefox, Internet Explorer etc… que periódicamente lanzan nuevas versiones de sus programas o complementos.

Y es entonces, cuando usted actualiza el “plugin”, como ha hecho anteriormente cientos de veces de manera rutinaria, se le instala un programita muy cabroncete que es el que luego va a servir a los malos para limpiarle la cuenta, pero eso vendrá más adelante, ahora está usted en la (presunta) página de Correos, intentando leer un telegrama que al final , o bien no llegará a leer porque el explorador le marcará un error y usted desistirá, o bien le aparecerá un telegrama del tipo “Gracias por todo, Wenceslao. Firmado Juan Pérez”. Usted, que no se llama Wenceslao, se imagina que se trata de una confusión del tal Juan Pérez, cierra el navegador, quizás piense que está muy bien eso de los telegramas on line, o quizás se pregunte de dónde narices habrá sacado Correos su dirección electrónica, pero, sea como fuere, eso ya es lo de menos, porque cuando usted instaló el complemento para su navegador, lo que en realidad hizo fue instalar un programa de suplantación bancaria bastante logrado. Si tienen el interés y la paciencia necesarias, les cuento brevemente cómo funciona.

Ese programilla permanecerá vigilante a que usted, dentro de diez minutos o dentro de diez días, acceda a la página de Internet de su Banco y, cuando lo haga, éste se le adelantará a su banco y le plantará ante sus ojos una copia exacta, exactísima en algunos casos, de la web de su entidad y se quedará con sus códigos de acceso a la página, con los cuales el malo podría, por poner un ejemplo, transferir mil trescientos siete euros a cualquier otra cuenta hoy, setecientos quince a otra pasado mañana, etc... Usted no accederá ese día a sus cuentas, el navegador le avisará de un error –recuerde que en realidad no está en la página real de su banco, sino en una clonada alojada en otro servidor- pero no le dará importancia porque probablemente le haya sucedido otras ocasiones, y no es que no vaya a sospechar nada, que tampoco, es que no se va a dar ni cuenta. Porque ha sido usted mismo el que ha abierto la página de su banco desde su propio navegador como ha hecho siempre, quizás tres días o tres semanas después de abrir aquel e-mail de Correos que ya ni recuerda.

La versión del programa cabroncete que un servidor ha visto contiene réplicas de las web del BBVA, de La Caixa y de Caixa Catalunya, de manera que todo aquel que haya instalado ese programa y haya intentado a acceder a sus cuentas, bien sea tecleando la página, ya sea recuperándolas desde los favoritos de su navegador, le ha regalado a los malos los datos que les permiten limpiarles la cuenta. Es de esperar que en las próximas versiones de ese programa amplíen el número de bancos a los que les han clonado la página, y que no sólo simulen provenir de Correos, sino que procederán de cualquier remitente desconocido que desde el mensaje le sugiera visitar una página web mediante un enlace insertado dentro del mismo cuerpo del e-mail.

¿Cómo evitar este timo? Es sencillo.

1) No abriendo enlaces que lleven a páginas de Internet desde el propio mensaje de correo electrónico cuando éste provenga de un desconocido. Recuerde que ya no sólo nos debe resultar sospechoso un e-mail que nos solicite datos bancarios. Cualquier mail que contenga un enlace a una página de Internet puede intentar colarnos el programilla. No sería mala práctica acostumbrarse, por sistema, a acceder siempre a las páginas de Internet desde el propio navegador y no hacerlo desde los enlaces que nos puedan aparecer en el interior de un mensaje de correo electrónico.

2) Sólo instale un “plugin” o complemento en páginas conocidas y de confianza. No sería una buena idea instalar el plugin que les solicite la página www.tiasbuenas.sat, en cambio, no sería peligroso si el navegador se lo solicita cuando usted se encuentre navegando por www.lavanguardia.es.

3) Es importantísimo contar con un antivirus de confianza y mantenerlo correctamente actualizado. Los antivirus más utilizados ya disponen de las actualizaciones que les permiten detectar ese “plugin” como un programa malicioso.

En cualquier caso, aunque tenga usted el mejor antivirus del mundo mundial y sus alrededores, sea cauto cuando navegue por páginas desconocidas y cuando reciba correos de remitentes que no conoce. Recuerde que los malos, también en Internet, van siempre un paso por delante.

jueves 3 de septiembre de 2009

Operación Pandemia

Artículo publicado en Vistazo a la Prensa en septiembre de 2009
Ha llegado hasta quien les escribe un documental, producido por un tal Julián Alterini, realizador de televisión argentino, que viene a confirmar lo que seguro que muchos de mis queridos reincidentes ya habían intuido: que en todo esto de la Gripe A hay algo que expele cierto tufillo extraño, que el gran público tiene muchas preguntas y pocas son las respuestas que desde los medios convencionales nos remiten y, especialmente, la duda de que si, detrás de todo este embrollo, no existen intereses que van más allá de la lógica preocupación de las autoridades por la salud de la población.

El documental, producido exclusivamente para su difusión por Internet, recoge datos, fuentes oficiales y estadísticas que, como mínimo, siembran nuevamente la duda sobre si es cierto todo lo que nos cuentan y, sobre todo, si la histeria colectiva que se está padeciendo está realmente justificada. Si mis queridos reincidentes me lo permiten, la columna de esta semana va a hacerse eco de lo expuesto en ese documental y va a transmitirles y comentarles esos datos.

Se remonta el autor al mes de mayo de 1997, cuando por primera vez se tiene noticia de la existencia del virus H5N1, más conocido como el virus de la gripe aviar. Se desplaza el documental hasta diciembre de ese mismo año, cuando se detectaron 18 casos de la gripe aviar y las primeras 6 víctimas mortales. Durante casi cinco años, se habla poco o nada del tema, hasta febrero de 2003, cuando en Hong Kong se detecta otro foco de gripe aviar, con dos personas infectadas y un muerto, éste contagiado por contacto directo con aves. Sigue sin pasar nada… hasta el cabo de más de dos años cuando a mediados de 2005 empiezan a aparecer casos de gripe aviar en el noreste de China y en el este de Rusia. La cosa se empieza a animar, pero ruego a mis queridos reincidentes que retengan estas fechas. Luego les cuento por qué.

Septiembre de 2005. La OMS, desde Ginebra, Suiza, emite una alerta en la que advierte que el número de casos de muertes por gripe aviar podría llegar a los siete millones cuatrocientas mil personas. Empieza el susto y la histeria colectiva, máxime cuando en Londres se detecta el virus en un loro, animalico...

Las autoridades, siempre atentas al bienestar y la salud del ciudadano, se ponen las pilas. Mr. Bush, gran humanista como ustedes saben, se desplaza al National Institute of Health y, tras entrevistarse con sus responsables, vaticina que dos millones de americanos podrían morir víctimas de la gripe del pollo. A la gente ya no le llega la camisa al cuerpo y, para acabarlo de arreglar, la OMS advierte, meses después, de una probable transmisión entre humanos del virus en Sumatra, donde se registran 8 casos nuevos pero, gracias a Dios, ninguna víctima. En España se está medio tranquilo hasta poco después, cuando aparece la primera ave infectada.

Recordarán mis queridos reincidentes las imágenes de histeria colectiva de entonces, cuando se fumigaba a la gente en los aeropuertos, o cómo las ventas de pollo caían por debajo del subsuelo y de qué manera se sacrificaban pollos, patos, y todo bicho con pico y con alas.

Si damos un salto en el tiempo y nos plantamos en el mes de junio de 2009 nos preguntamos qué fue de aquella horrible pandemia que amenazaba a 14 millones y medio de personas en todo el mundo según la OMS o a dos millones en los EUA según el humanista Bush, que poco después de su predicción ordenó destinar siete mil millones de dólares en prevención de la enfermedad, asignando mil doscientos millones de dólares a la adquisición de veinte millones de dosis de la vacuna de la gripe A.
Pongamos ahora las fechas que antes les comentaba en consonancia con otras nuevas fechas que, casualmente, guardan cierta coincidencia. Desde luego que fruto del azar, que ya saben mis queridos reincidentes que un servidor no es para nada mal pensado.

- Año 1996. La compañía biofarmacéutica Giled patenta el medicamento Tamiflu como medicamento contra varios tipos de gripe. Por aquellos entonces no existía ni la gripe aviar, ni la porcina, ni las venideras.
- Año 1997. Donald Rumsfeld (les suena el nombre, ¿a que sí?) miembro del consejo de administración de Giled, es nombrado presidente del mismo.
- Año 1997. Giled llega a un acuerdo con los laboratorios suizos (Suiza, ese país desde donde la OMS emitió la alerta de los catorce millones y medio de muertes) ROCHE para producir y distribuir el Tamiflu hasta el año 2016, a cambio del 10% de comisión sobre el total de las ventas.

Ya estamos en el año 2001 y Donald Rumsfeld deja su cargo en Giled. Y no es que le fueran mal las cosas en la compañía, no… es que George Bush –que había gastado una millonada en Giled- ficha a Mr. Rumsfeld como secretario de defensa. ¿A qué huele? Mejor eliminen el acento del pronombre de relativo y lo transforman en conjunción: ¿A que huele?

¿Saben mis queridos reincidentes cuántos muertos de aquellos dos millones vaticinados por Bush se produjeron en USA a causa de la gripe A? Según la OMS cero. A eso se le llama efectividad en los cálculos. Eso sí. Giled, ROCHE y Rumsfield hicieron el agosto.

¿Saben mis queridos reincidentes cuántos muertos de aquellos casi siete millones y medio de muertos que preveía la OMS se acabaron contando? Según la OMS, entre el año 2003 y el 2009, han fallecido a causa de la gripe aviar doscientas setenta y dos personas. O lo que es lo mismo, treinta y nueve habitantes por año a causa de la grandísima pandemia que iba a asolar la faz de la tierra.

¿Son muchas treinta y nueve muertes al año? Bueno… depende.

La gripe común, la que todos hemos pasado alguna vez, mata anualmente a medio millón de personas en el mundo. Pero no mata a cualquiera que agarre la gripe, eso ya lo saben mis queridos reincidentes. Sólo mata aquellas personas con ciertas patologías preexistentes. Mmmm… de qué me suena a mí esto…

Pero todo aquello ya pasó de moda, porque ahora lo que se lleva es la gripe A por que la OMS ya ha advertido que a fecha 30 de junio del corriente, el virus de la gripe A se ha llevado por delante a 382 personas. ¿Muchas? Bueno… de nuevo depende.

Cada año fallecen en el mundo, además del medio millón a causa de la gripe común:

- Dos millones de personas a causa de la malaria, muchas de esas muertes podrían evitarse utilizando simples mosquiteras.
- Dos millones de niños a causa de la diarrea, muchas de esas muertes podrían evitarse, según recoge el documental, utilizando un suero oral que cuesta menos de veinte céntimos el frasco.
- Diez millones de personas mueren anualmente a causa de enfermedades curables, como la neumonía, o el sarampión.

Y ahora, la pregunta del millón. ¿Cuántas de estos catorce millones de muertes anuales son portadas de los diarios?

Si tenemos en cuenta que el Tamiflu de Rumsfield y ROCHE es -casualmente, desde luego- uno de los dos medicamentos recomendados por la OMS y con los antecedentes que antes describíamos sobre la gripe aviar, el informe llega a la conclusión siguiente:

¿Qué mejor manera de comercializar un producto que generando la necesidad de ese mismo producto?

Poco le importa a ROCHE que la necesidad sea provocada causando la histeria colectiva, y menos aún cuando el valor de sus acciones se triplicó en sólo tres días, coincidiendo –también casualmente- con la recomendación de la OMS sobre el Tamiflu, de la misma manera le importa a GILED -o sea un pito- que obtiene un diez por ciento de todo el Tamiflu que vende ROCHE.

Lo único que no ofrece dudas en todo este embrollo es que hay por ahí unos cuantos que se forraron con la gripe aviar y que se está haciendo de otro con la gripe A.

Y en eso consiste el documental “Operación Pandemia”. ¿Da o no da que pensar?

A estas alturas, uno ya sospecha hasta del nombre: gripe A. A ver si han empezado por la A con la intención de repetir sucesivas gripes hasta llegar a la Z...

Evidentemente el virus existe, y es conveniente observar ciertas medidas higiénicas para intentar no contagiarse, de la misma manera que debemos hacerlo para evitar la gripe común. Que es conveniente utilizar pañuelos desechables para sonarse, que es mejor estornudar sobre la manga que sobre la mano, que es recomendable lavarse las manos con frecuencia, que se debe acudir a urgencias si la fiebre supera los 39 grados… En fin, todas esas medidas que debiéramos observar siempre por pura higiene.

Así que, mis queridos reincidentes, cuídense y mantengan las más elementales precauciones que les impidan agarrar la gripe común y probablemente evitarán del mismo modo contagiarse de un montón de otras enfermedades que se transmiten por vía aérea como lo es la gripe A, aunque estadísticamente, y según desvela el National Safety Council americano, tiene usted más posibilidades de ser alcanzado por un rayo que de contagiarse de la susodicha gripe A, por lo que quizás no sea necesario instalarse en un bunker todo el invierno, ni envasarse al vacío hasta que pase todo, ni retirarle el saludo a los conocidos, no sea que se empeñen en chocarnos la mano o en darnos los dos besitos de rigor.

Ahora que, una cosa es no obsesionarse y la otra es pasarse las más elementales medidas de higiene por el forro, como está haciendo cierto ayuntamiento de cierta capital andaluza, que pese a ser la más occidental de todas ellas -con todas las connotaciones que el vocablo occidental sugiere- ha sustituido el sistema de timbrar a la entrada y la salida con la tarjetita de toda la vida, por el más moderno de plantar la mano en una pantallita que lee el contorno de la misma e identifica al propietario de la mano, a la vez que recoge sus virus y bacterias para transmitírselos al funcionario que venga detrás.

Si ese ayuntamiento no ha registrado nunca el caso de que uno de sus funcionarios haya sido fulminado por un rayo, probablemente tampoco ninguno de ellos agarre la gripe A este invierno, bastante más probable –ocurre cada invierno en un montón de ocasiones- varios de ellos agarrarán la gripe común y dejarán sus virus en la pantallita lectora de manos para que sus compañeros los recojan.

Lo mismo algún político onubense se ha inflado a comprar acciones de Frenadol…

miércoles 26 de agosto de 2009

Marcha atrás

Artículo publicado en Vistazo a la Prensa en agosto de 2009
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Siento decepcionar a aquéllos de mis queridos reincidentes que, viendo el título de esta columna, hayan creído que mi artículo de esta semana tiene que ver con cierto método contraceptivo considerado natural -y por tanto permitido por la Iglesia- que me van a permitir que no les describa, pues su nombre lo define sobradamente. No va a ir el tema bien bien por ahí. Si son tan amables de seguir leyendo, les cuento.

Y lo hago transcribiendo literalmente un párrafo del nuevo libro de mi amiga Nieves Concostrina, Menudas historias de la Historia (Ed. La Esfera de los libros - 2009), que me viene de perlas para dar comienzo a este artículo y para ofrecerles una muestra de este divertido libro, que a buen seguro les desvelará pasajes curiosísimos -y a menudo desconocidos- de la Historia, siempre escritos con el habitual ingenio y ese fino sentido del humor al que nos tiene acostumbrados Nieves en sus libros y en sus programas de radio.

El 31 de octubre del año 1517 un monje muy cabreado agarró un martillo, cuatro clavos y se fue a la iglesia de Witenberg, en Alemania. Sacó un papel con noventa y cinco cláusulas escritas, lo dejó clavado en la puerta y se volvió a su convento agustino con el martillo, pero más desahogado. El monje se llamaba Martín Lutero y ese día, con aquel monumental enfado, nació la Reforma protestante.

Si conocen la historia, o si siguen leyendo ese capítulo del libro de la Concostrina, recordaran que una de las muchas diferencias –que no la principal- entre Lutero y el Vaticano era que el monje entendía que la Biblia debía predicarse en la “lengua vulgar” de cada comunidad y no en latín, lengua que en el siglo XVI ya no era conocida por casi nadie.

Lutero fue declarado hereje, fue excomulgado -no en vano hizo perder a la Iglesia de Roma la mitad de sus clientes- y quisieron contrarrestar la reforma iniciada por Lutero con -muy originales ellos- una contrarreforma, culminada –grosso modo- con el Concilio de Trento.

En aquel concilio, que duró entre pitos y flautas 18 años, se acordaron, entre otras muchas disposiciones, la necesidad de establecer una lista de lecturas prohibidas a todos los cristianos; se oficializó la existencia -aunque funcionaba de facto desde el siglo XIII- de El Santo Oficio o Inquisición, estableciendo que se podía freír a la barbacoa a cualquiera que fuera considerado hereje; se reafirmó la excelencia del celibato (al menos de cara a la galería, que el papa que convocó el concilio tenía cuatro hijos) y, además, se insistió en que la misa sólo podía ser celebrada en latín, instaurándose la llamada “Misa Tridentina”, o, lo que es lo mismo, celebrar las misas en latín y con el oficiante dando la espalda al público. Si alguno no la entendía siempre podría inscribirse en un curso de latín del CEAC de entonces, o matricularse en Lenguas Clásicas en la UNED de la época.

Pero si hay algo que tiene la Iglesia, es capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos, incluso rectificando cuando se da cuenta que ha metido la pata. Así, trescientos y pico años después de procesarlo y obligarlo a abjurar de sus tesis, la Iglesia rehabilitó a Galileo, quien había sido condenado y humillado en 1633 por atreverse a afirmar que el centro del universo no era la Tierra sino el Sol. De tal guisa, y de nuevo en el consabido afán eclesiástico de acercarse siempre a la realidad social del momento, hace escasamente medio siglo, el concilio Vaticano II, en tiempos de Juan XXIII, estableció que cada comunidad podía celebrar las misas en el idioma que le fuera propio, entendiendo que sería mucho más útil a los feligreses comprender lo que les dijese su párroco sin que tuvieran éstos –los feligreses, no los clérigos- la necesidad de aprender latín. Tardaron casi cuatro siglos en deducir esto, pero nunca es tarde si la dicha es buena.

Y, mira por dónde, llega ahora la Congregación del Culto Divino –ministerio vaticano al mando del cardenal español Antonio Cañizares- que propone retomar las condiciones eucarísticas establecidas en el Concilio de Trento y obligar a los sacerdotes católicos a recuperar la Misas Tridentinas. Dicho en plata, las misas de nuevo en latín y de nuevo el oficiante de espaldas a sus feligreses.

La noticia ha visto la luz de la mano del periódico italiano Il Giornale, al haber obtenido uno de sus redactores una copia del documento presentado ante las más altas instancias vaticanas planteando tal propuesta.

Según cuentan en el Il Giornale, esta iniciativa cuenta con el aval mayoritario de los miembros de la congregación, y la voluntad de la propuesta reside –según ellos- en la necesidad de controlar “los abusos, experimentos salvajes e inoportuna creatividad de eventuales celebrantes”.

Un servidor, que confiesa que últimamente sólo pisa las iglesias en los entierros y en alguna que otra celebración de compromiso, intenta imaginar qué experimentos salvajes y qué abusos se vienen llevando a cabo en las parroquias y, la verdad, no es capaz de imaginar en qué consiste el desmadre y el despiporre percibido por Cañizares y su gente, y que ha de ser tan grave como para que les lleve a suplicar nuevamente la Misa Tridentina.

El interrogante ahora es saber si Benedicto XVI impulsará esa medida o la guardará en el cajón donde acumula las cartas de los feligreses que le piden bobadas, cosa que debiera suceder si en la Santa Sede reinara el sentido común, aunque, si un servidor tuviese mano en CEAC, tardaba nada y menos en ofrecer el curso “Latín para feligreses”.

Quien les escribe, por si acaso, se pone ahora mismo a rebuscar en su librería a ver si todavía conserva aquel diccionario de latín al que tanto recurrió en sus tiempos de estudiante, y seguidamente también recuperará del desván los apuntes y libros de aquellos tiempos. Que para una vez que va a la iglesia, quiere saber qué le están contando.