martes, 1 de enero de 2008

Cuidadín con el e-mail


Artículo publicado en "O Desván" en enero de 2008


Resulta del todo indiscutible que el correo electrónico ha revolucionado el mundo de la comunicación. Gracias a ese sistema podemos mantener contacto, y, de igual forma, con el vecino de al lado y con personas del otro lado del planeta. Que en parte ha recuperado -aunque con ciertos matices- el ya marchito género epistolar – y les cito lo de los matices porque en las cartas de antaño uno se esmeraba en la caligrafía y en la ortografía y ahora nos encontramos algoritmos del tipo “k acs? N ms 3ss X fvr (y que se interpreta “¿Qué haces? No me estreses por favor)- pero que posibilita que, una vez hayamos incluido en nuestra libreta de direcciones a un tipo que –por poner un ejemplo- conocimos por casualidad admirando una preciosa moto en un escaparate, éste forme parte de nuestro círculo de contactos a los que regularmente enviaremos fotos curiosas, chistes malos –aunque en el apartado reservado al asunto del mensaje siempre aparezca el sintagma “es buenísimo"- y una original felicitación navideña donde una señorita – o un mozo bien plantado y generalmente depilado- nos recuerda la efemérides del advenimiento tocado con un gorro de Papé Noel y poco más, y nos desea, con una espectacular sonrisa Profidén y a ritmo del Jingle Bells Rock, todos los parabienes del mundo mundial para este 2008 que ya está a punto de doblar (si no lo ha hecho ya cuando ustedes lean esta columna) la esquina.

En cualquier caso, y como nos ocurre con otros tipos de chismes y cachivaches que hace unas pocas décadas ni imaginábamos -como el teléfono móvil o el navegador GPS- es tan fácil acostumbrarnos que nos costaría Dios y ayuda tener que prescindir, porque además del ya comentado fin lúdico y de transmisor de chorraditas , quien más quien menos utiliza el e-mail para fines más serios, como enviarse documentos al trabajo, o, incluso, la mayoría empresas quedarían paralizadas y sin capacidad de respuesta si de hoy para mañana les dejase de funcionar el correo electrónico.

Pero como ya sabrán mis queridos reincidentes, existe en toda colectividad un dos por ciento –al menos- de individuos que son unos cabritos –quitándoles años- e hijos de meretriz, que emplean su ingenio y alivian sus frustraciones fastidiando al prójimo, y, como no podía ser de otra manera, también los encontramos entre los usuarios del correo electrónico. Y han encontrado en este medio el ídem ideal para chincharnos al resto, unas veces con intereses puramente crematísticos y otras, por el puro “placer” de jororbar al incauto, que dicen que también tiene su aquél eso de jorobar porque sí. Veamos pues algunas de las múltiples maneras con las que un usuario cándido puede ser desplumado cual gallo de Morón (o de cualquier otra población del suelo patrio, que no sólo en Morón de la Frontera puede ser desplumado un gallo) a través del correo electrónico.

Ya habrán ustedes oído hablar del phishing, que es utilizar un mensaje de correo electrónico que simula pertenecer a su entidad bancaria y que con la excusa de actualizar sus datos les piden rellenar un formulario con sus números de tarjeta de crédito y sus contraseñas. Huelga decir que ese tipo de datos jamás debe facilitarse por correo electrónico ni por teléfono si uno no quiere que le dejen la cuenta corriente más limpia que la cocina del mayordomo de la prueba del algodón.

Y quién de ustedes no ha recibido el Powerpoint, probablemente proveniente de un conocido o amigo, en el que nos pasan las fotos de un pobre chaval de once añitos aquejado de una enfermedad rarísima que necesita que ese correo se transmita cuanto más mejor, pues por cada vez que se envíe Microsoft va a pagar un centavo de dólar -qué agarrado el Bill Gates, con la pasta que tiene- para condonar el tratamiento del angelito. Si mis cálculos no fallan, ese chaval debe estar apunto de acabar la mili, porque ese mismo correo lleva dando vueltas por la red desde 1996, ya que la finalidad de dicho e-mail no es más que la de captar nuevas cuentas de correo a las que enviar correo basura, como mensajes ofreciendo Viagra genérica a 3 dólares el comprimido –a los interesados dejo en enlace de esa web en la redacción de O Desvan-, o correos ofreciendo la posibilidad de jugar “on line” en un casino virtual en el que hay que ser tonto del culo para no ganar 600 euros diarios. Y bien que deben funcionar esos sistemas de captar emilios cuando cada vez son más los correos basura que recibimos.

Pero el caso que paso a relatarles es de veras ingenioso y les confieso que si no llega a ser por mi magnífico antivirus -del que me van a disculpar no dé datos porque la licencia con la que lo hago funcionar es más pirata que el loro del padre de Pipi Lamstrung- en estos momentos el ordenador de un servidor estaría infectadísimo y con virus y troyanos hasta los ojos. Les cuento:

Me van a permitir mis queridos reincidentes que me remonte a unos días atrás cuando un servidor recibe un e-mail que lleva por asunto “Hallo Darling” y que en inglés me venía a decir que en mi último viaje a Letonia había conocido a un grupo de chicas y que una de ellas había quedado prendada de quien les escribe, y que próximamente iba a visitar mi ciudad y que tenía mucho interés en volverme a ver. Adjuntaba el correo una foto de una morenaza escultural, de ojos grandes y negros, en minúsculo y revelador bikini –imagen a todas luces trucada pues pese a estar la moza medio en cueros sobre un fondo nevado no mostraba los pezones erectos- con una sonrisa, una pose y una actitud más que provocativa, y con un enlace al final del correo donde la inocente vampiresa afirmaba se encontraría la forma de contactar con ella. Un servidor, sinceramente, quedó algo mosqueado por varias razones: porque no suele ir levantando ese tipo de instintos y pasiones entre las féminas -y menos entre las de ese calibre-, porque en ningún momento hacía referencia a la ciudad que presuntamente iba a visitar y que presuntamente era la mía y, sobre todo, porque quien les escribe no ha estado en su vida en Letonia. Imaginó entonces quien les escribe que ese correo, enviado al azar a todo el mundo mundial –recuerden que estaba escrito en inglés- bien pudiera ir a parar a alguien que hubiese visitado Letonia y que creyese que la morenaza de los pezones no erectos existía de veras y bien podría acceder a tomarse una copita –o lo que se terciase- en ese pub tan oscurito que hay en casi todas las ciudades, y que, con esas expectativas, pincharía desprevenido –e incluso desesperado- en ese enlace donde a saber las desgracias, cepos, trampas y estafas se le vendrían encima irremediablemente.

El caso es que tras admirar la esbelta figura y las sinuosas y exuberantes curvas de la morenaza durante uno o dos – o quizás fueran ciento veinte- segundos, un servidor borró sin más ese e-mail y prosiguió con su quehacer cotidiano.

Y hará cosa de una media hora, cuando un servidor se disponía a revisar su correo, entra un ídem con el asunto “Te acuerdas de mí?” y con el siguiente texto:

“¿Por qué me haces esto? Pasaste el otro día por delante de mí e hiciste como si no me hubieses visto. ¿No recuerdas aquella foto de grupo que hiciste? Espero que disfrutes un poco de mí, aunque sea por nuestra amistad. Besitos. Te quiero mucho”.

Firmaba el mensaje una tal Laurita, y al pie del mismo, aparecía escrito “Archivo adjunto: Laurita.jpg”

Mosqueado como una azafata en vuelo con fines humanitarios a Chad, un servidor detectó una versión mejorada del anterior correo de la letona tetona, pues ofrecía una historia más verosímil -ya no era necesario haber viajado a ninguna parte- y fotos de grupo hemos hecho todos en alguna ocasión, amén de que a quien les escribe, despistado hasta niveles insospechados y que lleva siempre , y de forma simultánea, siete pensamientos distintos en la cabeza , no le resulta para nada infrecuente pasar por delante de un conocido y no haber reparado siquiera en su presencia, hecho que le ocurre a menudo, pero, habiendo como los había los antecedentes letones/tetones, un servidor detectó ipso facto otro correo fraudulento, aunque pensó que bien podía curiosear pinchando sobre el archivo adjunto –que al tener la extensión “.jpg” resultaba a priori del todo inofensivo para la integridad de mi PC- para ver qué tal pinta tenía la tal Laurita. Clic de ratón sobre el archivo y el antivirus de quien les escribe se apropia del monitor con un pedazo de ventana roja con enormes letras de “ATENCIÓN CÓDIGO MALICIOSO DETECTADO” a la vez que una sirena de ataque antiaéreo hace temblar los altavoces y le proporciona a quien les escribe un susto de muerte. Otra ventanita roja, propiedad del antivirus, me advierte que lo que parecía una foto adjuntada al mensaje no era sino el enlace a una página web donde “una variante modificada de troyano ( Win 32/TrojanDownloader.Banload F)” hubiese convertido en tapioca mis datos y me hubiese infectado de sabe Dios cuántas porquerías informáticas.

¡La madre que trajo a la Laurita de las narices!

En definitiva, que andan por ahí correos que simulan provenir de señoras guapísimas, con un tipazo que quita el hipazo y que dicen que ansían un rollete con usted pero que es mentira. Que lo único que quieren es que les deje colarse en su ordenador para hacerle mil trastadas. Lo dicho, que cuidadín con el e-mail.

¡Ah! Y que el 2008 les sea propicio y les traiga todos aquellos parabienes que les deseaba el/la mozo/a ligerito/a de ropa del Powerpoint que seguro que usted también ha recibido.

2 comentarios:

Paulette dijo...

Jejeje por andar de "Picarín" :P

Feliz año !!!
Un abrazo

P.D: Su artículo se debió llamar: La curiosidad "casi" mató al gato.

Miguel Martínez dijo...

Pues no lo mató, no porque este gato sea gato viejo, que también, sino gracias a mi maravilloso antivirus que San Google tenga en su gloria.

Otro abrazo para usted, mi querida reincidente allende del Atlántico, y muy feliz año también para usted.